Es una buena época, la temporada estival, en la que las calles se llenan de un color y un bullicio especial, para salir a observar a nuestros semejantes, a conectarnos con el mundo, pasando desapercibidos, en definitiva convirtiéndonos en auténticos “voyeurs”. Para ello, que mejor que una herramienta discreta, manejable y sigilosa, estoy hablando de la reciente X-100 de Fuji, que desde hace un tiempo forma parte de mi “fondo de armario fotográfico”.
Quién no conoce los mercadillos ambulantes; esos lugares donde se dan cita, de una parte vendedores de toda raza, credo y condición, y de otra compradores que representan a todos los estamentos sociales: mayores, pequeños, jóvenes, ancianos, clase alta, media y baja, negros y blancos, extranjeros y españoles, solteros y casados, hombres y mujeres, laicos y seglares, creyentes y ateos…. en definitiva un importante abanico de personas.
Es por ello que en esta mañana soleada y fresca de finales de julio, hemos salido a intentar reencontrarnos con la fotografía de calle, buscando situaciones cotidianas, pero sobre todo buscando a las personas, sus gestos, sus acciones y su posición ante lo cotidiano.
En definitiva, una colección de instantáneas, lo más cercanas posibles a la condición humana, desde la sencillez y mirando sin temor.
Altualización (7 de octubre de 2011): Aquí una versión en B/N.


































































































































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